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Más reflexiones sobre la cuestión de la delincuencia

 

Malatesta responde a Venturini

(Umanità Nova, n. 134, Septiembre 16, 1921)

Bologna, Septiembre 8, 1921

Querido Malatesta:

He leído con gran interés sus dos artículos, recientemente aparecidos en “N.U”, sobre el importante problema que siempre vale la pena debatir: la delincuencia.

No cabe duda que sus argumentos en apoyo de la solucion que nosotros los anarquistas damos a la cuestión son indiscutiblemente claros y efectivos. Sin embargo, permítaseme insistir en algunas de sus ideas, que resuelven algunos aspectos del problema, pero lo hacen de una manera demasiado general y abstracto o demasiado particular.

 

Por ejemplo, usted dice: “Para nosotros el cumplimiento de los derechos sociales debe ser voluntaria, y uno tiene derecho a tomar medidas coercitivas solo contra quienes ofenden a otros voluntarios y se convierten en un obstáculo para la coexistencia social pacífica. La fuerza y la coacción física sólo pueden ser usadas contra un empuje materialmente violento, por pura necesidad de defensa “.

 

Yendo por la segunda parte de su razonamiento, casi pareceria que sólo ” un empuje materialmente violento ” constituye una violación del principio de justicia que será fundamental en la futura sociedad.

 

¿Por qué la fuerza y la coacción física, aunque limitadas, e inspiradas por la idea de una gran necesidad de defensa, no deben ser utilizadas también en aquellos casos (por desgracia, estos seran los aspectos de la moral criminal en el nuevo entorno social), en la que un grave daño puede ser causado a un prójimo, sin el ejercicio de un acto “materialmente violento”?

 

¿No es el acto de ejercer la violencia material sobre una persona, privar a él de alguna pertenencia, equivalente con el tener exito en el mismo robo sin usar violencia alguna?

 

Por otra parte, ¿cuál es la diferencia entre, por ejemplo, alguien que mata violentamente a un projimo y alguien que le conduce a morir mediante la persuasión criminal y disimulada?

 

El anterior es sólo un ejemplo, esto no quiere decir que existan cientos de casos que podrian ser mencionados en que el delito, el daño a la vida de alguien más, pueda suceder sin ejercicio material de la violencia.

 

Por otro lado, hay una violencia buena y una violencia mala. Por lo tanto, la injusticia no reside tanto en el acto exterior que se lleva a cabo, como en el hecho de que alguien tiene que sufrir  por alguien más malo que el.

 

Sobre este asunto dice usted: ” Nosotros no vemos ninguna otra solución que dejar las decisiones en manos de los interesados, en las manos del pueblo, es decir, la masa de los ciudadanos, que actúaran de manera diferente según las circunstancias y sus variables grados de civilización ”

 

Sin embargo, decir «las personas» generaliza demasiado la cuestion, de ahi que, por lo tanto, la pregunta sigue sin resolverse.

 

Este tipo de razonamiento parece repetir el error de Kropotkin, según el cual se supone que la gente debe hacerlo todo, y para él cual el pueblo es sólo una multitud genérica.

 

Saverio Merlino criticó muy bien este y otros errores en la idea de Kropotkin de anarquismo; y, discutiendo con usted, él ofrece la solución siguiente a el problema tan relevante de la defensa social en su libro ” la Utopía Colectivista “: ” “Entre el sistema actual y el supuesto de que la delincuencia debe cesar, creo que hay lugar para formas intermedias de defensa social que difieren de la función del gobierno. Tal defensa social sería ejercida bajo los ojos de la gente y el control en cada lugar, como cualquier otro servicio público, como la salud, el transporte, etc. y por lo tanto no podría degenerar en un instrumento de opresión y dominación “.

 

¿Por qué deberíamos nosotros anarquistas no alcanzar este concepto? Queremos suprimir la maquinaria presente de justicia supuesta, con todos sus aspectos dolorosos e inhumanos, pero no queremos sustituirlo por la libertad individual o por el juicio sumario de la muchedumbre. El sentido de justicia en los hombres tiene que ser mejorado, y las formas de expresión y defensa tienen que ser resueltas.

 

He planteado estas modestas objeciones sobre todo para ofrecerle la oportunidad de volver a un tema tan importante que necesita ser discutido.

 

Considere siempre mis cariños.

Aldo Venturini.

 

La crítica de nuestro amigo Venturini tiene toda la razón: sin embargo, le indico a él que sólo expresé algunas ideas sobre la compelja cuestion del crimen sin la intención de ofrecer una solución válida para todos los casos posibles.

 

Creo que todos los que se pueda decir y hacer para luchar contra la delincuencia sólo puede tener un valor relativo, dependiendo de la época, los lugares y, sobre todo, el grado de desarrollo moral del ambiente cuando los hechos tengan lugar. El problema de la delincuencia sólo encontrara una solucion final y completa cuando… el delito ya no exista.

Yo se que usualmente nosotros nos culpamos mutuamente por la vaguedad e incertidumbre de nuestras propuestas para resolver el más doloroso problema social. Y sé que los anarquistas, unánimemente en la crítica destructiva de la moral actual y las instituciones, se reparten en las más diversas escuelas y tendencias, tan pronto como se viene a tratar el problema de la reconstrucción y la vida práctica en la sociedad futura.

Sin embargo, esto, personalmente, no me parece un mal; al contrario, me parece el principal mérito que caracteriza al anarquismo, que no piensa fijando las avenidas del futuro de antemano, sino más bien intenta garantizar simplemente las condiciones de la libertad necesarias para la evolución social para asegurar finalmente el bienestar máximo y el desarrollo material máximo, espiritual e intelectual para todo.

Los autoritarios, las reglas, creen tener una fórmula infalible, o pretenden tenerla, y tienen  la intencion de establecer e imponer la ley. Sin embargo, toda la historia muestra que el uso sólo de la ley es defender, fortalecer y perpetuar los intereses y los perjuicios prevalecen al tiempo que la ley es creada, así forzando a la humanidad a moverse de revolución en revolución, de violencia en violencia.

Al contrario, nosotros no nos jactamos creyendo que poseemos la verdad absoluta; nosotros creemos que la verdad social no es una cantidad fija, el bien para siempre, universalmente aplicable, o determinable por adelantado, pero que en su lugar, una vez la libertad ha sido asegurada, la humanidad avanza hallando y creando gradualmente con el menor numero de revueltas y con un mínimo de fricción. Así nuestras soluciones siempre dejan la puerta abierta para diferentes y, uno espera, mejores soluciones.

Es verdadero que en la realidad uno tiene que tomar una acción específica, y no puede vivir sin hacer nada en particular, siempre esperando algo mejor. Sin embargo, hoy podemos ir tras de un unico ideal, aún sabiendo que los ideales no son los únicos factores de la historia. En vida, además de la fuerza de dibujar ideales, existen las condiciones, hábitos, contrastes materiales del interés y, en una palabra, los innumerables artículos de primera necesidad a los que uno tiene que someterse, en la conducta diaria. En la práctica, uno hace lo que uno puede: en todo caso, los anarquistas deben pegarse a la misión de ejercer presión hacia su ideal, e impedir, o esforzarse para impedir, que los defectos inevitables y las injusticias posibles sean sancionados por la ley y perpetúados por las fuerzas del estado, es decir la fuerza de todos situado a las órdenes de algunos.

De cualquier modo, dejenos regresar al tema del crimen.

Como Venturini correctamente señala, existen peores vías de ofender a la justicia y la libertad que los cometidos mediante la violencia material, contra los cuales el recurso de la coaccion física se puede tornar necesario y urgente. Por lo tanto estoy de acuerdo en que el principio que he planteado, es decir, que uno tiene derecho a recurrir a la fuerza material sólo contra aquellos que quieran violar el derecho de alguna otra persona por la fuerza material, no cubre todos los casos posibles y no se pueda fijar como absoluto. Tal vez vendríamos a cerrar una fórmula más comprensiva afirmando el derecho a la defensa propia forzada contra la violencia física así como contra el equivalente en forma y consecuencias a la violencia física.

Estamos entrando en un analisis caso por caso que, sin embargo,  requiere un estudio de diferentes sucesos, que a su vez llevaria a mil soluciones diferentes, sin tocar el punto principall, es decirc ¿quién juzgara y quien llevara a cabo los juicios?

Yo ha reclamado la necesidad de dejar las decisiones en las manos de los interesados, en las manos de las personas, es decir la masa de los ciudadanos, etc.

Venturini señala que ‘las personas” es una expresión demasiado genérica, y yo estoy de acuerdo con el. Estoy lejos de ser el admirador de “el pueblo” como Kropotkine hizo. Aunque, por otra parte, él fijó a la multitud con el nombre de ‘pueblo” sólo cuando se comportaron de la manera que a el le gusto. Sé que las personas son capaces de algo: feroz hoy, generoso mañana, socialista un día, fascista otro día, en un momento alzandose contra los sacerdotes y la inquisición, en otra ocasión velando la estaca de Giordano Bruno predicando y aplaudiendo, en un momento listo para cada sacrificio y heroísmo, en algún otro momento sujeto a la peor influencia del miedo y la codicia. ¿Qué se puede hacer sobre esto? Uno tiene que trabajar con el material disponible, y tratar de crear una ventaja con ello.

Como Venturini, yo no desee la libertad individual o el juicio sumario de la multitud; sin embargo, yo no pude aceptar la solución propuesta por Merlino, que quiere organizar la defensa social contra criminales como cualquier otro servicio público, como la salud, el transporte, etc., porque yo temo la formación de un cuerpo de personas armadas, que adquieran todos los defectos y todos los peligros presentes de un cuerpo de policía.

En aras de un servicio, es decir de el público, es útil que los ferroviarios, por ejemplo, se especializen en su trabajo, los médicos y maestros se dediquen totalmente a su arte; sin embargo, es peligroso y corruptor, aunque técnicamente ventajoso tal vez, permitir a alguien ser una policía o un juez por profesión.

Todos debería cuidar de la defensa social, del mismo modo en que todos ayudan rápidamente cuando las calamidades públicas ocurren.

Para mi un policía es peor que un criminal, al menos que un criminal común menor; un policía es más peligroso y dañino a la sociedad. Sin embargo, si las personas no se sienten suficientemente protegidas por el público, indudablemente requeriran inmediatamente la policía. Por lo tanto, la única vía de impedir la existencia de la policía es hacerla inútil reemplazandole en esas funciones que constituyen una protección real para el público.

Concluyo con las palabras de Venturini: “El sentido de la justicia de los hombres necesita ser mejorado, y las formas de expresar y defender que ellos poseen necesitan ser trabajadas”.

En mi juicio: ¿Lucha de clases u Odio de Clase?

 

Errico Malatesta

(Umanità Nova, n. 137, Septiembre 20, 1921)

He expresado al jurado en Milán algunas ideas acerca de la lucha de clases y el proletariado que planteó la crítica y el asombro. Mejor volver a esas ideas.

 

Protesté con indignacion contra la acusación de incitación al odio; expliqué que en mi propaganda yo siempre procuraba demostrar que los males sociales no dependen de la maldad de un amo o el otro, un gobernador u otro, sino más bien en los amos y los gobiernos como las instituciones, por lo tanto, la solución no radica en el cambio de los distintos gobernantes, sino que es necesario demoler el principio mismo por el que dominan los hombres sobre los hombres; también expliqué que yo siempre acentue que los proletarios no son individualmente mejor que un burgués, como lo demuestra el hecho de que un trabajador suele comportarse como un simple burgués, y peor aún, cuando se pone, por medio de algun tipo de accidente, en una posición de riqueza y mando.

 

Tales declaraciones fueron distorsionadas, falsificadas, puestos bajo un aspecto desfavorable por la prensa burguesa, y la razón es clara. El deber de la prensa pagada para defender los intereses de la policía y los tiburones, es ocultar la verdadera naturaleza del anarquismo de la opinión pública, y tratar de acreditar el relato acerca de los anarquistas como seres llenos de odio y destructores; la prensa hace esto por deber, pero tenemos que reconocer que ellos a menudo lo hacen de buena fe, de pura y simple ignorancia. El  periodismo, que una vez estuvo capacitado, se descompuso en el mero trabajo y el negocio, los periodistas han perdido no sólo su sentido ético, sino también la honestidad intelectual de abstenerse de hablar de lo que no saben.

 

Olvidémonos a escritorzuelos, entonces, y vamos a hablar de aquellos que difieren de nosotros en sus ideas y, a menudo, sólo en su forma de expresar ideas, pero siguen siendo nuestros amigos, porque sinceramente ellos apuntan al mismo objetivo que nosotros.

 

El asombro es completamente inmotivado en esta gente, tanto es así que yo tiendo a pensar que se ve afectado. Ellos no pueden ignorar que he venido diciendo y escribiendo esas cosas durante cincuenta años, y que las mismas cosas se han dicho por cientos y miles de anarquistas, al mismo tiempo y antes que yo.

 

Déjenos más bien hablar del desacuerdo.

 

Están los “trabajadores-mentales”, que considera tener manos callosas como si estuivieran divinamente imbuidos con todos los méritos y todas las virtudes; protestan si usted se atreve a hablar de la gente y de la humanidad, no pudiendo jurar en el nombre sagrado del proletariado.

 

Ahora, es una verdad que la historia ha hecho de el proletariado el principal instrumento del proximo cambio social, y que los que luchan por el establecimiento de una sociedad en la que todos los seres humanos sean libres y esten dotados de todos los medios para ejercer su libertad, deben confiar principalmente en el proletariado.

 

Hoy como el acaparamiento de los recursos naturales y del capital creado por el trabajo de generaciones pasadas y presentes es la principal causa de la sujeción de las masas y de todos los males sociales, es natural que aquellos que no tienen nada y, por tanto, de forma más directa y claramente estan interesados en compartir los medios de producción, sean los principales agentes de la necesaria expropiación. Por eso dirigimos nuestra propaganda más en particular a los proletarios, cuyas condiciones de vida, por otro lado, hacen a menudo imposible para ellos el ponerse de pie y concebir un ideal superior. Sin embargo, esto no es motivo para convertir a los pobres en un fetiche simplemente porque es pobre, ni es una razón para alentarlo a creer que es intrínsecamente superior, ninguna condición que seguramente no procede de su mérito o su voluntad, le da el derecho a hacer mal a los demás porque los otros le hicieron el mal a él. La cruel tiranía de las manos insensibles (que en la práctica sigue siendo la tiranía de algunos que ya no tienen las manos insensibles, incluso si alguna vez las tuvieron), no sería menos dura y malvada, y no llevaría males menos durables que la tiranía de los guantes. Tal vez sería menos ilustrada y más brutal: eso es todo.

 

La pobreza no sería la cosa horrible que es, si esta no produjera el embrutecimiento moral así como el daño material y la degradación física, cuando se prolonga de generación en generación. El pobre tienen defectos diferentes que aquellos producidos en las clases privilegiadas por la riqueza y el poder, pero no mejores.

 

Si la burguesía produce los gustos de Giolitti y Graziani y todo el tiempo la sucesión de los torturadores de la humanidad, desde los grandes conquistadores y entusiasta a los parasitos y pequeños patrones, esta también produce los gustos de Cafiero, Reclus y Kropotkin, y las muchas personas que, en cualquier época sacrificaron sus privilegios de clase a un ideal. Si el proletariado ha dado y da tantos héroes y mártires de la causa de la redención humana, también emite la guardias blancas, los mataderos, los traidores de sus propios hermanos, sin los cuales la tiranía burguesa no podría durar un solo día.

 

¿Cómo puede el odio ser levantado a un principio de justicia, a un espíritu culto de demanda, cuando es claro que el mal está por todas partes, y que depende de las causas que van más allá de la voluntad individual y la responsabilidad?

 

Que se haga la lucha de clases tanto como uno quiere, si por lucha de clases entendemos la lucha de los explotados contra los explotadores por la abolición de la explotación. Esa lucha es una forma de elevación moral y material, y es la principal fuerza revolucionaria en la que se pueda tener confianza.

 

Que no haya odio, sin embargo, porque el amor y la justicia no pueden surgir del odio. El odio trae la venganza, el deseo de estar sobre el enemigo, una necesidad de consolidar la superioridad. El odio sólo puede ser el fundamento de los nuevos gobiernos, si se gana, pero no puede ser la base de la anarquía.

 

Lamentablemente, es fácil entender el odio de tantos desgraciados cuyos cuerpos y sentimientos son atormentados y rentados por parte de la sociedad: sin embargo, tan pronto como el infierno en que viven es iluminado por un ideal, el odio desaparece y asume un ardiente deseo de lucha por el bien de todos.

 

Por esta razón verdaderamente no se pueden encontrar aborrecedores entre nuestros compañeros, aunque hay muchos oradores del odio. Son como el poeta, que es un padre bueno y pacífico, pero canta al odio, porque esto le da la oportunidad de componer versos buenos … o tal vez malos. Hablan de odio, pero su odio, está hecho de amor.

 

Por esta razón los amo, incluso cuando ellos me insultan.

¿Qué debemos hacer?

(Respuesta al articulo de “Outcast”)

(Umanità Nova, n. 185, Agosto 26, 1922)

“¿Qué debemos hacer?” es la pregunta que, unas veces más otras menos intensamente, siempre preocupa las mentes de todos aquellos que luchan por un ideal, y urgentemente vuelve en los momentos de crisis, cuando un fracaso, una desilusión, induce a reexaminar la táctica adoptada, criticar errores posibles y buscar el medio más eficaz. Comrade Outcast tiene razón al formar la pregunta nuevamente e invitar a los compañeros a pensar y decidir sobre que hacer.

Hoy nuestra situación es difícil, y aún terrible en algunas áreas. Sin embargo, él que fue anarquista, permanece anarquista después de todo; aunque nosotros hayamos sido debilitados por muchas derrotas, también hemos ganado una experiencia valuosa, que aumentará nuestra eficacia, si no sólo somos capaces de atesorarlo. Las defecciones ocurridas en nuestro lado, que son en realidad raras, nos ayudan después de todo, porque ellas nos libran de personas débiles y no fiables.

Entonces, ¿qué debemos hacer?

No voy a extenderme sobre los disturbios ocurridos en el extranjero en contra de la reacción italiana. Ciertamente, sólo podemos esperar beneficios de todo lo que ayude al proletariado del mundo para conocer las condiciones reales de Italia y de las increíbles infamias que se han cometido y se cometen por la policia burguesa, a fin de ahogar y destruir cualquier movimiento emancipador. Acabamos de leer acerca de una manifestación internacional de protesta contra el fascismo, que tuvo lugar en Nueva York el 18 del mes en curso – y estamos seguros de que nuestros amigos y aquellos que tienen un sentido de la libertad y  justicia harán todo lo posible en América , Inglaterra, Francia, España, etc.

Sin embargo, estamos interesados principalmente en lo que hay que hacer aquí, en Italia, porque esto es lo que se ha de hacer por nosotros. Aunque es bueno tener en cuenta todas las fuerzas auxiliares,  es muy importante no confiar demasiado en los demás, y buscar nuestro bienestar en nosotros mismos y nuestro propio trabajo.

En los últimos años hemos abordado los distintos partidos vanguardistas con miras a la acción conjunta, y siempre hemos sido decepcionados. ¿Por esta razón debemos aislarnos, o refugiarnos de contactos impuros y no movernos esperando a hacerlo sólo cuándo tengamos la fuerza necesaria y en nombre de nuestro programa completo?

Yo creo que no.

Dado que no podemos hacer la revolución por nosotros mismos, es decir, nuestras fuerzas no son suficientes para atraer y movilizar a las grandes masas necesarias para vencer, y ya, no importa cuánto tiempo se espera, las masas no pueden ser anarquistas antes de que la revolución haya comenzado, necesariamente seguiremos siendo una minoría relativamente pequeña hasta que podamos probar nuestras ideas en la práctica revolucionaria, al negar nuestra cooperación a otros y aplazar la acción hasta que seamos lo suficientemente fuertes como para actuar por nosotros mismos, prácticamente acabaremos fomentando la inactividad, a pesar de la palabras altisonantes y las intenciones radicales, se niega a empezar, con la excusa de llegar hasta el final con un gran salto.

Sé muy bien – si yo no no lo hubiera sabido desde hace tiempo lo hubiera aprendido recientemente – que los anarquistas son los únicos en querer la revolución para bien y tan pronto como sea posible, con excepción de algunos individuos y grupos que se mascan la disciplina de los partidos autoritario permanececiendo en ellos  con la esperanza de que sus dirigentes se resolverán algún día a ordenar una acción de carácter general. Sin embargo, también sé que a menudo las circunstancias son mas fuertes que la voluntad de los individuos, y un día u otro todos nuestros compañeros de diferentes partes tendrán que aventurarse a resolver la lucha final, si no quieren morir ignominiosamente como partidos y hacer un regalo a la monarquía de todas sus ideas, sus tradiciones, sus mejores sentimientos. Hoy podrían ser inducidos a esto por la necesidad de defender su libertad, sus bienes, su vida.

Por lo tanto, siempre debemos estar preparados para apoyar a quienes esten dispuestos a actuar, a pesar de que esto lleva consigo el riesgo de que más tarde nos encontremos solos y traicionados.

Pero al dar a otros nuestro apoyo, es decir, siempre tratando de utilizar las fuerzas a disposición de los demás, y aprovechando todas las oportunidades para la acción, siempre debemos ser nosotros mismos y tratar de estar en condiciones de hacer sentir y contar nuestra influencia, al menos, en proporción directa a nuestra fuerza.

Para ello es necesario que estemos de acuerdo entre nosotros y tratemos de coordinar y organizar nuestros esfuerzos de la manera más eficaz posible.

Dejemos que los demás malentiendan y calumnien nuestros objetivos, por razones que no queremos calificar. Todos los compañeros que quieren tomar en serio la acción deben juzgar lo que es mejor para ellos.

En este momento, como en cualquier momento de depresión y estancamiento, somos afectados por un recrudecimiento de tendencias demasiado sutiles; algunas personas disfrutan el debatir si somos un partido o un movimiento, si hemos de asociarnos en sindicatos o federaciones, y cientos de otras insignificancias similares; tal vez se escuchará una vez más que “los grupos no pueden tener un secretario, ni un cajero, pero tienen que confiar a un compañero que haga frente a la correspondencia de grupo y otro para guardar el dinero”.

Los hacedores de sutiles distinciones son capaces de cualquier cosa; pero deje a hombres prácticos ocuparse de la toma de medidas, y que aquellos tanto los de buena fe como los de mala fe por encima de todo, se cuezen en su propio jugo.

Permitid que todos puedan hacer lo que quieran, asociarse con quien quieran, pero dejad que actúen.

Ninguna persona de buena fe y sentido común puede negar que la actuación  con eficacia requiera el convenir, la unión, la organización.

Hoy la reacción tiende a sofocar cualquier movimiento público, y obviamente el movimiento tiende “a pasar a la clandestinidad”, como un ruso solía decir.

Estamos volviendo a la necesidad de una organización secreta, que está bien.

Sin embargo, una organización secreta no puede ser e incluir todo.

Tenemos que preservar y aumentar nuestro contacto con las masas, tenemos que buscar nuevos seguidores de propaganda tanto como sea posible, tenemos que mantener en el movimiento a todos los individuos aptos para las organizaciones secretas y los que lo pondrían en peligro por ser demasiado conocidos. No hay que olvidar que las personas más útiles para una organización secreta son aquellos cuyas creencias son desconocidos para los adversarios, y que puedan trabajar sin crear sospechas.

Por lo tanto, en mi opinión, nada de lo que existe debe ser deshechado. Por el contrario, se trata de añadir algo más, algo con tales características como para responder a las necesidades actuales.

Que nadie espere a que alguien más tome la iniciativa; deje a cada cual tomar las iniciativas que ellos consideran apropiadas en su lugar, en su ambiente, para luego intentar, con las precauciones previstas, unirse a iniciativas propias de otros, de modo de alcanzar el acuerdo general que es necesario para una acción válida..

Estamos en un momento de depresión, es cierto. Sin embargo, la historia se está moviendo rápido hoy en día: debemos prepararnos para los acontecimientos venideros.

La idea del buen gobierno

(de Umanita Nova 1920; incluido en “Malatesta vida e ideas”: Freedom Press)

Ninguno puede juzgar con certeza quién tiene razón y quién está equivocado, cual es la verdad más cercana, o cual es la mejor manera de lograr el mayor bienestar para todos y cada uno. La libertad junto con la experiencia, es la única manera de descubrir la verdad y qué es lo mejor, y no puede haber ninguna libertad si existe una negación de la libertad de errar.
Pero cuando uno habla de libertad políticamente, y no filosóficamente, nadie piensa en el espectro metafísico del hombre abstracto que existe fuera del ambiente cósmico y social y quién, como algún dios, ” podría hacer lo que él desea ” en el sentido absoluto de la palabra.
Cuando uno habla de libertad uno habla de una sociedad en la cual nadie podría obligar a sus prójimos sin encontrar la resistencia vigorosa, en la cual, encima de todo, nadie podría agarrar y usar la fuerza colectiva para imponer sus deseos a otros y a los grupos mismos que son la fuente de poder.
Estoy de acuerdo en que el hombre no es perfecto. Pero esto es una razón más, quizás la razón más fuerte, para no dar a nadie los medios ” para poner los frenos sobre la libertad individual”.
El hombre no es perfecto. Pero entonces ¿donde se encontrara un hombre que no solo es lo suficientemente bueno como para vivir en paz con los demás, sino que también posee la capacidad para controlar las vidas de los otros de forma autoritaria? Y suponiendo que exista ¿Quién lo nombrara? ¿Se imponen así mismos? Pero ¿Quién los protegerá de la resistencia y de la violencia de los “delincuentes”?¿o quizás serán designados por el “pueblo soberano” el cual es considerado demasiado ignorante y demasiado maligno como para vivir en paz, pero de repente adquiere todas las calidades necesariamente buenas cuando se trata de elegir a sus gobernantes?