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Carta de Errico Malatesta a Luigi Fabbri

Londres, 30 de julio de 1919.

Queridísimo Fabbri:

Sobre la cuestión que tanto te preocupa, la de la dictadura del proletariado, me parece que estamos básicamente de acuerdo.

Se me ocurre pensar que sobre este asunto la opinión de los anarquistas no puede ser dudosa y la verdad es que antes de la revolución bolchevique nadie dudaba. Anarquía significa no gobierno, y por lo tanto con mayor razón no dictadura, que es el gobierno absoluto sin control y sin límites constitucionales.

Pero, cuando estalló la revolución bolchevique, algunos amigos nuestros confundieron lo que era revolución contra el gobierno precedente con lo que era un nuevo gobierno que venía a imponerse a la revolución para frenarla y dirigirla a los fines particulares de un partido, y casi casi se declararon bolcheviques ellos mismos.

Ahora bien, los bolcheviques son simplemente marxistas, que han permanecido honestos. y consecuentemnte marxistas, a diferencia de sus maestros y modelos, los Guesde, los Plejanov, los Hyndmann, los Scheidemann, los Noske, etc., etc., que han tenido el fin que tú sabes. Nosotros respetamos su sinceridad, admiramos su energía, pero como no hemos estado nunca de acuerdo con ellos en el terreno teórico, no sabríamos solidarizarnos con ellos cuando de la teoría se pasa a la práctica.

Quizá la verdad sea simplemente esta: que nuestros amigos bolchevizantes con la expresión dictadura del proletariado entienden simplemente el hecho revolucionario de los trabajadores que toman posesión de la tierra y de los instrumentos del trabajo, y tratan de constituir una sociedad y organizar un género de vida en el que no haya sitio para una clase que explote y oprima a los productores.

Entendida así, la dictadura del proletariado sería el poder efectivo de todos los trabajadores dirigido a la destrucción de la sociedad capitalista, y se convertiría en anarquía apenas cesara la resistencia reaccionaria y nadie más pretendiera obligar con la fuerza a las masas a obedecer y trabajar para otros. Y entonces nuestro desacuerdo no sería más que una cuestión de palabras. Dictadura del proletariado significaría dictadura de todos, es decir, no sería ya dictadura, como gobierno de todos no es ya gobierno, en el sentido autoritario, histórico y práctico de la palabra. Pero los verdaderos partidarios de la dictadura del proletariado no lo entienden así y esto lo hacen ver perfectamente en Rusia. El proletariado naturalmente interviene en ella como lo hace el pueblo en los regímenes democráticos, es decir, simplemente para esconder la esencia real de las cosas. En realidad se trata de la dictadura de un partido, o más bien de los jefes de un partido; y es una dictadura verdadera y propia, con sus decretos, con sus sanciones penales, con sus agentes ejecutivos, y sobre todo con su fuerza armada, que sirve hoy para defender la revolución de sus enemigos externos, pero que servirá mañana para imponer a los trabajadores la voluntad de los dictadores, detener la revolución, consolidar los nuevo intereses que se han ido constituyendo y defender contra las masas a una nueva clase privilegiada.

También el general Bonaparte sirvió para defender la Revolución francesa contra la reacción europea, pero al defenderla la ahogó. Lenin, Trotski y sus compañeros son seguramente revolucionarios sinceros, de la forma que ellos entienden la revolución, y no traicionarán; pero preparan los cuadros gubernamentales que servirán a los que vengan después para aprovecharse de la revolución y asesinarla. Ellos serán las primeras víctimas de su método y con ellos, me temo, caerá la revolución. La historia que se repite: mutatis mutandis, la dictadura de Robespierre lleva a Robespierre a la guillotina y prepara el camino a Napoleón.

Estas son mis ideas generales sobre los asuntos de Rusia. En cuanto a los detalles, las noticias que tenemos son todavía demasiado variadas y contradictorias para poder arriesgar un juicio. Puede suceder también que muchas cosas que nos parecen malas sean el fruto de la situación y que en las circunstancias especiales de Rusia no hubiera sido posible obrar de modo diferente a como se hizo. Es mejor esperar, sobre todo porque lo que nosotros digamos no puede tener influencia alguna sobre el desarrollo de los sucesos en Rusia, y en cambio podría ser mal interpretado en Italia y dar a entender que nos hacemos eco de las calumnias interesadas de la reacción.

Lo importante es lo que nosotros debemos hacer; pero permanezcamos siempre firmes, yo estoy lejos y en la imposibilidad de cumplir mi tarea…

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Respuesta a Makhnó

Estimado compañero,

He finalmente podido ver la carta que usted me ha enviado hace más de un año, sobre mis críticas al proyecto de organizar una Unión General de Anarquistas, publicada por el Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero, conocido en nuestro movimiento por el nombre de “Plataforma”. Conociendo mi situación como usted la conoce, ciertamente habrá entendido por qué no he respondido.

No puedo tomar parte como quisiera de la discusión de las cuestiones del mayor interés para nosotros, porque la censura me impide recibir publicaciones que son consideradas subversivas o cartas que traten de tópicos políticos o sociales, y sólo después de largos intervalos y por afortunada casualidad vengo a oír el distante eco de lo que los compañeros dicen y hacen. De este modo, me he enterado de que la “Plataforma” y mis críticias a ella han sido ampliamente discutidos, pero sé poco o nada de lo que se ha dicho; y su carta es el primer documento escrito sobre el asunto que he logrado ver.

Si pudiéramos escribirnos libremente, le pediría clarificara, antes de entrar a la discusión, algunos de sus puntos de vista los cuales, quizás debido a una traducción imperfecta del ruso al francés, me parecen, en parte, algo obscuros. Pero estando las cosas como están, responderé a lo que he entendido, y espero ser capaz de ver su respuesta.

Usted se sorprende de que yo no acepte el principio de responsabilidad colectiva, que usted cree es un principio fundamental que guía, y debe guiar, a los revolucionarios del pasado, presente y futuro.

Por mi parte, me pregunto qué puede significar la noción de responsabilidad colectiva venida de los labios de un anarquista. Yo sé que los militares tiene el hábito de decimar grupos de soldados rebeldes o de soldados que no se han comportado correctamente frente al enemigo, disparándoles indiscriminadamente. Sé que los jefes militares no tiene escrúpulos en destruir poblados o ciudades, y masacrar a toda una población, incluidos los niños, porque alguien ha puesto alguna resistencia a una invasión. Sé que a lo largo de la historia, los gobiernos han, de varias maneras, amenazado con, y aplicado, el sistema de la responsabilidad colectiva para poner freno a los rebeldes, para demandar impuestos, etc. Y entiendo que esto puede ser un medio efectivo para intimidar y oprimir.

¡¿Pero cómo puede, gente que lucha por la libertad y la justicia, hablar de responsabilidad colectiva, cuando sólo puede interesarles la responsabilidad moral, hayan o no sanciones materiales de por medio?!!!

Si, por ejemplo, en un conflicto con fuerzas armadas del enemigo, el hombre que está a mi lado actúa como un cobarde, él me puede dañar a mi y a los demás, pero la verguenza será sólo suya, por su falta de valor para mantener el rol que él mismo escogió. Si durante una conspiración, un conspirador traiciona y envía a sus compañeros a prisión, ¿son los engañados los responsables de su traición?

La “Plataforma” dice: “Toda la Unión es responsable de la actividad revolucionaria y política de todo miembro y cada miembro es responsable de la actividad revolucionaria y política de la Unión“. ¿Puede esto ser reconciliado con los principios de autonomía y de libre iniciativa que los anarquistas profesan? Yo respondo, entonces: “Si la Unión es responsable de lo que cada miembro hace, ¿cómo puede dejar a sus miembros individuales y a sus diversos grupos, la libertad de aplicar el programa común de la forma en que les parezca adecuado? ¿cómo puede hacerse responsable de una acción, si carece de los medios para impedirla? De esta manera, la Unión y, mediante ella, el Comité Ejecutivo, necesitarían monitorear la acción de los miembros individuales y ordenarles qué hacer y qué no hacer; y ya que la desaprobación luego de los eventos no puede rectificar una responsabilidad previamente aceptada, nadie sería capaz de hacer nada antes de haber obtenido el vamos, el permiso del comité. Entonces, ¿puede un individuo aceptar responsabilidad por la acción de una colectividad antes de saber qué es lo que la última hará, y sin poder prevenirla de hacer lo que éste desaprueba?

Ciertamente, acepto y apoyo la visión de que cualquiera que se asocie y coopere con otros para un propósito común, debe sentir la necesidad de coordinar sus acciones con aquellas de sus compañeros y no hacer nada que dañe el trabajo de otros y, de esta manera, a la causa común; y que se respeten los acuerdos que sean hechos -excepto cuando sinceramente deseen dejar la asociación al emerger diferencias de opinión, o cuando las circunstancias hayan cambiado, o conflictos sobre los métodos predilectos hagan la cooperación imposible o inapropiada. Tal cual, yo mantengo que aquellos que no sientan ni practiquen estos deberes, deban ser expulsados de la asociación.

Quizás, al referirse a la responsabilidad colectiva, ustedes se refieran precisamente a ese acuerdo y solidaridad que debe existir entre los miembros de una asociación. Y si esto es así, su expresión representa, en mi opinión, un uso incorrecto del lenguaje, pero básicamente, esto sólo sería una cuestión de palabras sin importancia y el acuerdo podría alcanzarse rápidamente.

La cuestión realmente importante que usted plantea en su carta, concierne al rol de los anarquistas en el movimiento social y la forma en que éstos debieran desempeñarlo. Este es un asunto básico, la razón de ser del anarquismo y uno debe ser bastante claro respecto a lo que se refiere.

Usted pregunta si los anarquistas deben (en el movimiento revolucionario y en la organización comunista de la sociedad) asumir un rol directivo y, consecuentemente, responsible, o limitarse a ser auxiliares irresponsables. Su pregunta me deja perplejo, porque carece de precisión. Es posible dirigir mediante el consejo y el ejemplo, dejando al pueblo -proveídos de las oportunidades y los medios para suplir por sí mismos sus necesidades- adoptar nuestros métodos y soluciones si estos son, o parecieran ser, mejores que aquellos sugeridos y ejecutados por otros. Pero es también posible dirigir tomando el mando, esto es, convirtiéndose en gobierno e imponiendo las ideas e intereses propios mediante métodos policiales. ¿De qué manera quisiera dirigir?

Somos anarquistas, porque creemos que el gobierno (cualquier gobierno) es un mal, y que no es posible ganar la libertad, solidaridad y justicia si no es con libertad. No podemos, entonces, aspirar al gobierno y debemos hacer todo cuanto ea posible para evitar que otros -clases, partidos o individualidades- tomen el poder, convirtiéndose en gobiernos.

La responsabilidad de los lideres, una noción según la cual me parece quisieran garantizar que el público sea protegido de sus propios abusos y errores, no significa nada para mí. Aquellos en el poder, no son verdaderamente responsables, excepto, cuando son enfrentados a la revolución, y no podemos hacer la revolución todos los días, y generalmente ésta ocurre sólo cuando el gobierno ya ha hecho todo el mal que podía hacer.

Usted entenderá que yo estoy lejos de pensar que los anarquistas deban estar satisfechos con ser simples auxiliares de otros revolucionarios quienes, no siendo anarquistas, naturalmente aspiran a convertirse en gobierno.

Por el contrario, yo creo que nosotros, los anarquistas, convencidos de la validez de nuestro programa, debemos apuntar a adquirir una influencia enorme a fin de llevar al movimiento hacia la realización de nuestros ideales. Pero tal influencia debe ser ganada haciendo más y mejor que los demás, y sólo será útil si es ganada de esa manera.

Hoy por hoy, debemos profundizar, desarrollar y propagar nuestras ideas y coordinar nuestras fuerzas en una acción común. Debemos actuar en el movimiento obrero para impedir que éste se vea limitado y corrompido por la exclusiva búsqueda de mejoras pequeñas, compatibles con el sistema capitalista; y debemos actuar de tal manera que contribuya a preparar la completa transformación social. Debemos trabajar con las masas desorganizadas, y quizás imposibles de organizar, para despertarlas al espíritu de rebelión y al deseo y la esperanza de una vida libre y feliz. Debemos iniciar y apoyar todos los movimientos que tiendan a debilitar las fuerzas del Estado y del capitalismo, e incrementar el nivel mental y las condiciones materiales de los trabajadores. Debemos, en breve, preparar y prepararnos, moral y materialmente, para el acto revolucionario que abrirá el camino hacia el futuro.

Y luego, en la revolución, debemos tomar una parte enérgica (si es posible anterior y más efectivamente que los demás) en la lucha material esencial y conducirla al límite máximo en la destrucción de todas las fuerzas represivas del Estado. Debemos alentar a los trabajadores a tomar posesión de los medios de producción (tierras, minas, fábricas y talleres, medios de transporte, etc.) y de las reservas de bienes manufacturados; a organizar inmediatamente, por sí mismos, una distribución equitativa de los bienes de consumo, y al mismo tiempo, suplir los productos para el intercambio entre regiones y comunas, para la continuación e intensificación de la producción y de todos los servicios útiles para el público.

Debemos, de todas las formas posibles y acorde a las circunstancias y oportunidades locales, promover la acción de las asociaciones obreras, de las cooperativas, de los grupos voluntarios -para prevenir la emergencia de nuevos poderes autoritarios, de nuevos gobiernos, oponiéndoles con la violencia si es necesario, pero por sobretodo, mostrándolos como superfluos. Y donde no encontremos suficiente consenso entre el pueblo y no podamos prevenir el re-establecimiento del Estado con sus instituciones autoritarias y sus cuerpos coercitivos, debemos negarnos a tomar parte en él o reconocerlo, rebelándonos en contra de sus imposiciones y demandando nuestra plena autonomía y la de todas las minorías disidentes. En otras palabras, debemos permanecer en un estado concreto o potencial de rebelión y, siendo incapaces de triunfar en el presente, debemos, al menos, preparanos para el futuro.

¿Es esto a lo que ustedes se refieren en la parte que cabe a los anarquistas en la preparación y realización de una revolución? Por lo que sé de ustedes y de su trabajo, me siento inclinado a creer que si.

Pero cuando veo que en la Unión que ustedes apoyan, hay un Comité Ejecutivo que da dirección ideológica y organizativa a la asociación, me asalta la duda de que ustedes también quisieran ver, en el movimiento general, un cuerpo central que dictaría, de manera autoritaria, el programa teórico y práctico de la revolución. De ser esto así, somos polos opuestos.

Su organización, o sus órganos administrativos, podrían estar compuestos por anarquistas, pero no serían otra cosa sino un gobierno. Creyendo, en la más completa buena fe, que fueran necesarios para el triunfo de la revolución, asegurarían, como prioridad, que estuvieran lo suficientemente bien colocados y que fueran lo suficientemente fuertes como para imponer su voluntad. Crearían, entonces, cuerpos armados para la defensa material, y una burocracia para realizar sus mandatos, y en este proceso, paralizarían al movimiento popular y matarían la revolución. Esto es lo que yo creo ha pasado con los Bolcheviques.

Aquí estamos. Creo que lo importante no es la victoria de nuestros planes, de nuestros proyectos, de nuestras utopías, que en cualquier caso necesitan de la confirmación de la experiencia y pueden ser modificados por la experiencia, desarrollados y adaptados a las condiciones materiales y morales reales de cada época y lugar. Lo que más importa es que el pueblo, todas las personas, pierdan el instinto y los hábitos serviles que les han legado miles de años de esclavitud, y aprendan a pensar y actuar libremente. Y a esta gran tarea de liberación del espíritu a la que los anarquistas se deben dedicar especialmente.

Le agradezco la atención que gentilmente ha dado a mi carta y, en la esperanza de escuchar nuevamente de usted, le envío mis cordiales saludos.

Errico Malatesta
Noviembre de 1928

Publicada en “Il Risveglio” (Ginebra, 4 de Diciembre de 1929)

Traducido por Jose Antonio Gutierrez Danton

Extraido de aqui: http://www.nestormakhno.info/spanish/mal_rep2.htm