Más reflexiones sobre la cuestión de la delincuencia

 

Malatesta responde a Venturini

(Umanità Nova, n. 134, Septiembre 16, 1921)

Bologna, Septiembre 8, 1921

Querido Malatesta:

He leído con gran interés sus dos artículos, recientemente aparecidos en “N.U”, sobre el importante problema que siempre vale la pena debatir: la delincuencia.

No cabe duda que sus argumentos en apoyo de la solucion que nosotros los anarquistas damos a la cuestión son indiscutiblemente claros y efectivos. Sin embargo, permítaseme insistir en algunas de sus ideas, que resuelven algunos aspectos del problema, pero lo hacen de una manera demasiado general y abstracto o demasiado particular.

 

Por ejemplo, usted dice: “Para nosotros el cumplimiento de los derechos sociales debe ser voluntaria, y uno tiene derecho a tomar medidas coercitivas solo contra quienes ofenden a otros voluntarios y se convierten en un obstáculo para la coexistencia social pacífica. La fuerza y la coacción física sólo pueden ser usadas contra un empuje materialmente violento, por pura necesidad de defensa “.

 

Yendo por la segunda parte de su razonamiento, casi pareceria que sólo ” un empuje materialmente violento ” constituye una violación del principio de justicia que será fundamental en la futura sociedad.

 

¿Por qué la fuerza y la coacción física, aunque limitadas, e inspiradas por la idea de una gran necesidad de defensa, no deben ser utilizadas también en aquellos casos (por desgracia, estos seran los aspectos de la moral criminal en el nuevo entorno social), en la que un grave daño puede ser causado a un prójimo, sin el ejercicio de un acto “materialmente violento”?

 

¿No es el acto de ejercer la violencia material sobre una persona, privar a él de alguna pertenencia, equivalente con el tener exito en el mismo robo sin usar violencia alguna?

 

Por otra parte, ¿cuál es la diferencia entre, por ejemplo, alguien que mata violentamente a un projimo y alguien que le conduce a morir mediante la persuasión criminal y disimulada?

 

El anterior es sólo un ejemplo, esto no quiere decir que existan cientos de casos que podrian ser mencionados en que el delito, el daño a la vida de alguien más, pueda suceder sin ejercicio material de la violencia.

 

Por otro lado, hay una violencia buena y una violencia mala. Por lo tanto, la injusticia no reside tanto en el acto exterior que se lleva a cabo, como en el hecho de que alguien tiene que sufrir  por alguien más malo que el.

 

Sobre este asunto dice usted: ” Nosotros no vemos ninguna otra solución que dejar las decisiones en manos de los interesados, en las manos del pueblo, es decir, la masa de los ciudadanos, que actúaran de manera diferente según las circunstancias y sus variables grados de civilización ”

 

Sin embargo, decir «las personas» generaliza demasiado la cuestion, de ahi que, por lo tanto, la pregunta sigue sin resolverse.

 

Este tipo de razonamiento parece repetir el error de Kropotkin, según el cual se supone que la gente debe hacerlo todo, y para él cual el pueblo es sólo una multitud genérica.

 

Saverio Merlino criticó muy bien este y otros errores en la idea de Kropotkin de anarquismo; y, discutiendo con usted, él ofrece la solución siguiente a el problema tan relevante de la defensa social en su libro ” la Utopía Colectivista “: ” “Entre el sistema actual y el supuesto de que la delincuencia debe cesar, creo que hay lugar para formas intermedias de defensa social que difieren de la función del gobierno. Tal defensa social sería ejercida bajo los ojos de la gente y el control en cada lugar, como cualquier otro servicio público, como la salud, el transporte, etc. y por lo tanto no podría degenerar en un instrumento de opresión y dominación “.

 

¿Por qué deberíamos nosotros anarquistas no alcanzar este concepto? Queremos suprimir la maquinaria presente de justicia supuesta, con todos sus aspectos dolorosos e inhumanos, pero no queremos sustituirlo por la libertad individual o por el juicio sumario de la muchedumbre. El sentido de justicia en los hombres tiene que ser mejorado, y las formas de expresión y defensa tienen que ser resueltas.

 

He planteado estas modestas objeciones sobre todo para ofrecerle la oportunidad de volver a un tema tan importante que necesita ser discutido.

 

Considere siempre mis cariños.

Aldo Venturini.

 

La crítica de nuestro amigo Venturini tiene toda la razón: sin embargo, le indico a él que sólo expresé algunas ideas sobre la compelja cuestion del crimen sin la intención de ofrecer una solución válida para todos los casos posibles.

 

Creo que todos los que se pueda decir y hacer para luchar contra la delincuencia sólo puede tener un valor relativo, dependiendo de la época, los lugares y, sobre todo, el grado de desarrollo moral del ambiente cuando los hechos tengan lugar. El problema de la delincuencia sólo encontrara una solucion final y completa cuando… el delito ya no exista.

Yo se que usualmente nosotros nos culpamos mutuamente por la vaguedad e incertidumbre de nuestras propuestas para resolver el más doloroso problema social. Y sé que los anarquistas, unánimemente en la crítica destructiva de la moral actual y las instituciones, se reparten en las más diversas escuelas y tendencias, tan pronto como se viene a tratar el problema de la reconstrucción y la vida práctica en la sociedad futura.

Sin embargo, esto, personalmente, no me parece un mal; al contrario, me parece el principal mérito que caracteriza al anarquismo, que no piensa fijando las avenidas del futuro de antemano, sino más bien intenta garantizar simplemente las condiciones de la libertad necesarias para la evolución social para asegurar finalmente el bienestar máximo y el desarrollo material máximo, espiritual e intelectual para todo.

Los autoritarios, las reglas, creen tener una fórmula infalible, o pretenden tenerla, y tienen  la intencion de establecer e imponer la ley. Sin embargo, toda la historia muestra que el uso sólo de la ley es defender, fortalecer y perpetuar los intereses y los perjuicios prevalecen al tiempo que la ley es creada, así forzando a la humanidad a moverse de revolución en revolución, de violencia en violencia.

Al contrario, nosotros no nos jactamos creyendo que poseemos la verdad absoluta; nosotros creemos que la verdad social no es una cantidad fija, el bien para siempre, universalmente aplicable, o determinable por adelantado, pero que en su lugar, una vez la libertad ha sido asegurada, la humanidad avanza hallando y creando gradualmente con el menor numero de revueltas y con un mínimo de fricción. Así nuestras soluciones siempre dejan la puerta abierta para diferentes y, uno espera, mejores soluciones.

Es verdadero que en la realidad uno tiene que tomar una acción específica, y no puede vivir sin hacer nada en particular, siempre esperando algo mejor. Sin embargo, hoy podemos ir tras de un unico ideal, aún sabiendo que los ideales no son los únicos factores de la historia. En vida, además de la fuerza de dibujar ideales, existen las condiciones, hábitos, contrastes materiales del interés y, en una palabra, los innumerables artículos de primera necesidad a los que uno tiene que someterse, en la conducta diaria. En la práctica, uno hace lo que uno puede: en todo caso, los anarquistas deben pegarse a la misión de ejercer presión hacia su ideal, e impedir, o esforzarse para impedir, que los defectos inevitables y las injusticias posibles sean sancionados por la ley y perpetúados por las fuerzas del estado, es decir la fuerza de todos situado a las órdenes de algunos.

De cualquier modo, dejenos regresar al tema del crimen.

Como Venturini correctamente señala, existen peores vías de ofender a la justicia y la libertad que los cometidos mediante la violencia material, contra los cuales el recurso de la coaccion física se puede tornar necesario y urgente. Por lo tanto estoy de acuerdo en que el principio que he planteado, es decir, que uno tiene derecho a recurrir a la fuerza material sólo contra aquellos que quieran violar el derecho de alguna otra persona por la fuerza material, no cubre todos los casos posibles y no se pueda fijar como absoluto. Tal vez vendríamos a cerrar una fórmula más comprensiva afirmando el derecho a la defensa propia forzada contra la violencia física así como contra el equivalente en forma y consecuencias a la violencia física.

Estamos entrando en un analisis caso por caso que, sin embargo,  requiere un estudio de diferentes sucesos, que a su vez llevaria a mil soluciones diferentes, sin tocar el punto principall, es decirc ¿quién juzgara y quien llevara a cabo los juicios?

Yo ha reclamado la necesidad de dejar las decisiones en las manos de los interesados, en las manos de las personas, es decir la masa de los ciudadanos, etc.

Venturini señala que ‘las personas” es una expresión demasiado genérica, y yo estoy de acuerdo con el. Estoy lejos de ser el admirador de “el pueblo” como Kropotkine hizo. Aunque, por otra parte, él fijó a la multitud con el nombre de ‘pueblo” sólo cuando se comportaron de la manera que a el le gusto. Sé que las personas son capaces de algo: feroz hoy, generoso mañana, socialista un día, fascista otro día, en un momento alzandose contra los sacerdotes y la inquisición, en otra ocasión velando la estaca de Giordano Bruno predicando y aplaudiendo, en un momento listo para cada sacrificio y heroísmo, en algún otro momento sujeto a la peor influencia del miedo y la codicia. ¿Qué se puede hacer sobre esto? Uno tiene que trabajar con el material disponible, y tratar de crear una ventaja con ello.

Como Venturini, yo no desee la libertad individual o el juicio sumario de la multitud; sin embargo, yo no pude aceptar la solución propuesta por Merlino, que quiere organizar la defensa social contra criminales como cualquier otro servicio público, como la salud, el transporte, etc., porque yo temo la formación de un cuerpo de personas armadas, que adquieran todos los defectos y todos los peligros presentes de un cuerpo de policía.

En aras de un servicio, es decir de el público, es útil que los ferroviarios, por ejemplo, se especializen en su trabajo, los médicos y maestros se dediquen totalmente a su arte; sin embargo, es peligroso y corruptor, aunque técnicamente ventajoso tal vez, permitir a alguien ser una policía o un juez por profesión.

Todos debería cuidar de la defensa social, del mismo modo en que todos ayudan rápidamente cuando las calamidades públicas ocurren.

Para mi un policía es peor que un criminal, al menos que un criminal común menor; un policía es más peligroso y dañino a la sociedad. Sin embargo, si las personas no se sienten suficientemente protegidas por el público, indudablemente requeriran inmediatamente la policía. Por lo tanto, la única vía de impedir la existencia de la policía es hacerla inútil reemplazandole en esas funciones que constituyen una protección real para el público.

Concluyo con las palabras de Venturini: “El sentido de la justicia de los hombres necesita ser mejorado, y las formas de expresar y defender que ellos poseen necesitan ser trabajadas”.

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